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TITULO3

TERCER DÍA DE TRIDUO

26  de Octubre

En marcha tras la estrella

Vicenta no es de minuciosas introspecciones, de titubeos, de demoras. Cuando ve con claridad, cuando    un pensamiento se le impone, cuando un deseo la estimula, obra con decisión. Luego de su diálogo con Manuela, un día mientras borda en compañía de doña Leocadia, le dice: -Madre ¿qué me aconsejaría usted si le dijera que pienso irme a un convento? No se sorprende la madre, conoce a su hija inclinada a la piedad, amable, servicial, compasiva y generosa.

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¿Por qué ella tan bien dotada no podría ser religiosa? Con plena seguridad dice a su hija:
“Aunque yo sacrificara cualquier cosa, con tal de que tú te colocaras…” Años más tarde al recordar la respuesta de su madre, escribe: “Esta animosa respuesta no esperada, por la ternura con que me amaba, me enterneció”. Don Manuel también acepta la decisión de la joven e Isidro, su hermano mayor, dice gozoso al conocer sus planes: “Si es posible hasta en andas te voy a dejar”. Un nombre ha bastado para que Vicenta tome determinaciones decisivas. Dejará a los suyos y viajará a Guatemala para responder a lo que ella ya considera un llamado de lo alto. A finales de diciembre de 1837 acompañada de su padre, de su hermano y de Manuelita Arbizú llega a la ciudad de Guatemala. Hay en el aire ecos de villancicos y en las iglesias los pesebres invitan a la contemplación y adoración de Jesús recién nacido. El 1 de enero de 1838, acompañada de los suyos llama la aspirante a las puertas del convento

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