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TITULO

25 de Octubre 

SU VOCACIÓN

Vicenta es una joven lista y agraciada. Tiene un atractivo especial que hace que las personas se le aficionen. dueña de una natural disposición para la conversación y para las relaciones, es la confidente preferida de las adolescentes de su edad, como lo es también de un grupo de jóvenes de lo más selecto de Quetzaltenango que descubren en la quinceañera cordura y distinción, unidas a una alegría contagiosa, a un ingenio vivo y, sobre todo, a una gran lealtad en la amistad.

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Entre esas jóvenes está Manuelita Arbizú, recientemente venida desde Honduras y quien a su paso por la ciudad de Guatemala ha visitado el antiguo Beaterio de Belén y hecho buena amistad con algunas de sus monjas.

Manuelita admira mucho a Vicenta, goza de estar con ella y la hace partícipe de sus planes y actividades. Gusta de salir con ella por la ciudad y va frecuentemente al templo, donde de ordinario pasan largos ratos en oración, bien ante el Señor Sacramentado, bien ante la hermosa imagen de la Señora del Rosario. Casi siempre Vicenta lleva rosas de su jardín y las deposita en ofrenda ante el altar de la Madre del Señor.
Un día en que las dos adornan con hermosas flores artificiales la imagen del Sagrado Corazón, dice casualmente Manuela: Lindas ¿verdad? Parecen naturales, si son hechas por las Betas de Belén de Guatemala. Vicenta ha oído hablar de las monjas Teresas, Catalinas. A las Beatas de Belén apenas ahora las oye mencionar; sin embargo, el nombre despierta en ella una vaga emoción, una especie de llamada; como cuando la rama de un duraznero florecido roza el cristal de la ventana con mensaje de primavera y de vida. “Las Beatas de Belén…” “Las Beatas de Belén…” el nombre resuena repetidamente en su interior mientras continúa adornando con las bellísimas flores al Sagrado Corazón. Luego, ante la Señora del Rosario deja el recién nacido anhelo de hacerse monja en el Beaterio de Belén. Sonríe María ante la inocencia y generosidad de la joven y esta sonrisa de amor y de benevolencia sella la confidencia y confirma el anhelo. Puede decirse que la vocación de Vicenta es una llamada, a un compromiso que se realiza entre dos sonrisas de la Virgen del Rosario.

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