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TITULO1

PRIMER DÍA DE TRIDUO

23de Octubre

SU FAMILIA FUE SU PRIMER HOGAR Y ESCUELA

En la madruga del 26 de Octubre de 1820 cuando en el hogar de don Encarnación Rosal y doña Gertrudis Leocadia Vásquez nace una niña, a quien el día 27 bautiza Fray Manuel Carranza y el impone el nombre de María Vicenta, en memoria de San Vicente, mártir de Ávila.

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Nace Vicenta en Quetzaltenango, Guatemala, ciudad que como tantas del mundo nuevo tiene “algo de india y mucho de española”. De india tiene las montañas ariscas que la rodean; el aire puro olorosos a huertos frutecidos; el cielo azul y las “noches bañadas de luna”. Y tiene de española las calles rectas, las casas construidas con lava del vecino volcán; las ventanas de rejas de hierro y los jardines donde cerca de las albercas de piedra los rosales desgranan un rosario de pétalos blancos, rojos y amarillos.



Vicenta crece en un ambiente de cariño y recibe de sus padres ejemplos de virtud y piedad. “En aquel hogar cristiano”, “el día irrumpía con las alabanzas al Creador, oración matutina que encabezaba el padre para despertarlos a todos…”. “Por la tarde a la oración, cuando las campanas de la iglesia del Espíritu Santo rompían el aire como una caja de resonancia invitando a las gentes a rezar el ángelus, todos, amos, hijos y criados suspendían su labor para alabar a María Santísima. El día se rubricaba con el rezo del rosario dirigido por el jefe el hogar; y los niños, después de recibir la bendición y el tierno beso de sus padres, se entregaban al sueño de la inocencia”.

 

Cuando se encuentra Vicenta con Jesús en la mesa de la Eucaristía recuerda con gozo y devoción la primera visita sacramental del Señor, se consagró al Señor y empezó a sentirse más atraída por la presencia de Cristo en la mesa del altar y en el sagrario. Toda su vida fue profundamente eucarística” 

De sus padres recibe las primeras lecciones de lectura y escritura. Pasa luego a la escuela del maestro don Valentín Escobar, donde, además de los conocimientos generales, se le enseñan las labores “propias de las niñas de aquellos días”: el bordado en el que siempre se distinguió, el canto, la música, la poesía. Conserva siempre la afición a la música con sus castañuelas sonoras y su caja de música con alegres sones grabados en rudimentarios discos de metal. Gusta también de componer décimas y cantares llenos de “expresiva ingenuidad y penetrativa unción.

La familia goza de holgura económica. De la hacienda llegan las bestias cargadas de frutas, aves y legumbres. Todo se comparte con los criados, los peones y los pobres a quienes se trata con respeto y caridad. Es así como Vicenta aprende de sus padres a valorar a sus semejantes y a darles su amor y su compasión. Con esta lección asimilada desde la infancia, se mantiene siempre en actitud de apertura ante quienquiera solicite o necesite su ayuda, ya sea material o espiritual.

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 jornada